Escribes una sola frase a un extraño. Recibes la frase de otra persona. Puedes responder una vez; esa respuesta viaja a un tercero. La cadena se alarga a la vista pública, pero las identidades nunca se atan a los eslabones.
El diseño es deliberadamente crudo: neubrutalista, ruidoso, imposible de confundir con una app de chat. No construyes una relación. Añades un eslabón a un relevo anónimo.
Puedes ver hasta dónde llegó tu mensaje, sacar un nuevo buzón o unirte a una cadena existente desde una URL compartida. Denunciar existe porque incluso los espacios anónimos necesitan límites.
No es un chat grupal. Es literatura serial escrita por extraños que nunca se encontrarán.